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La subida agota como si caminara sobre la luna…así me imagino, como una cosmonauta dando torpes pasos en la luna; pero solo estoy en el páramo. Y me pregunto cómo hace esta gente para levantarse cada día antes de que el sol caliente, caminar hasta las tierras donde siembran; y emprender la tarea: arar, desyerbar, sembrar, cosechar…arar…
A Rafael y su hijo Douglas Quintero los encuentro en Altos de Arenales, separando las plantas de papas que no darán fruto; el aire del pueblo de Tuñame (Trujillo, Venezuela) es frío a cualquier hora del día, incluso a las 11 de la mañana. Mientras yo apenas puedo respirar ellos se mueven por todo el surco con la gracia de los gatos; contestan mis preguntas sin que les falte el aire. Viven de este pedacito de tierra, que les pertenece desde hace muchos años; Douglas seguirá el camino de su padre, no tiene más de 20 años pero ya lo sabe.
Aunque la mayoría de los que se dedican a sembrar en Tuñame han preferido este año dedicarse a la fresa, de la que se obtiene mayores ganancias, Rafael y su hijo continúan sembrando y consechando papas. Están caros y difíciles de conseguir los fertilizantes, antes eran más asequibles.
Rafael masca chimo y muestra su sonrisa oscura y franca.
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